Somos como Viajamos

Compartí con nosotros el camino hacia nuestro sueño: viajar en bicicleta por la ruta 40, desde Ushuaia a La Quiaca!!!

Cicloturisteando x la Costa Altántica

4 comentarios

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Mar del Plata, Febrero de 2014 Salimos con nuestras bicis, un sábado a la mañana bien temprano, como lo hacemos cada vez que nos vamos algún fin de semana largo a pedalear por ahí. Esta vez tenemos más tiempo, ya que coordinamos tomarnos las vacaciones juntos. Como dije antes, salimos bien temprano como lo hacemos la mayoría de las veces, y como la mayoría de las veces pasa, a más temprano salimos, más es la magnitud del inconveniente que interrumpe nuestra huida de esta realidad irreal. Siempre nos sucede y por eso sabemos qué hacer: mantener la calma. Íbamos con más cosas de lo habitual, porque los días eran más. Así fue como a nuestras alforjas se sumó un trailer made in china, de esos que se compran por internet, y con el que mi imaginación llegó a pensar, que traería dentro del bolso estanco del carrito, un bebé chino ¡! (cosas que se piensan cuando la espera a que llegue se hace interminable). El tema fue que tuvimos problemas con el eje del trailer, justo antes de la salida de Mar del Plata, y entre idas y venidas, logramos solucionarlo y salir finalmente a la ruta a las 12 del mediodía, en vez de a las 7 de la mañana cómo habíamos planeado. Con la confirmación de la frase “el hombre propone y Dios dispone”, comenzamos así nuestras vacaciones, que lejos del relax y el confort, buscaban intentar entrenarnos física y mentalmente para una travesía que venimos soñando con hacer a fin de año, unir Ushuaia – La Quiaca por la ruta 40 en bicicleta.


Salida de MDP, x Ruta 226, hacia El Dorado. (41 kms. Apróx.) Lo llamativo de este tramo que tantas veces pedaleamos, fue la reacción de muchos conductores automovilísticos que al vernos, no escatimaban en bocinazos y saludos. Para nosotros era algo nuevo que no nos había ocurrido todas las otras veces que lo habíamos hecho, siempre cargados con alforjas y demás menesteres propios del cicloturismo. Pronto lo entendimos, no éramos nosotros ni el equipo ni las bicis que siempre nos acompañaban, la presencia estelar que tanto llamaba la atención de las personas, era el trailer, si, EL CARRITO CHINO. Desde la entrada del Dorado, hicimos 8 kms. hacia adentro, por camino de tierra y en muchas partes con piedras sueltas y muchas lomas, bordeando así parte de la Laguna La Brava. Llegamos a casa de nuestros amigos, Marcelo y Natalia, que junto con sus hijos, siempre nos reciben con los brazos abiertos, y donde nos sentimos “como en casa”. La idea era pasar a visitarlos e ir a buscar nuestra carpa que habíamos dejado olvidada en una anterior ocasión. En cuanto a la Laguna La Brava, es un lugar que nos gusta mucho ir, por la variedad de caminos rurales que hay para andar en bici, muy lindos y de todos los gustos, al borde de las sierras, con vistas a campos sembrados, animales (no sólo vacas, toros y caballos, hemos visto muchas liebres, nutrias, zorritos y con ojo afilado, hasta ciervos!!!) El lugar lo conocemos mucho ya que vamos seguido, es muy tranquilo y más que recomendable para hacer en bicicleta. Pasamos el resto del día sábado y todo el Domingo con ellos, y el día Lunes bien temprano salimos rumbo a Vivoratá.

Lucas y Marce.-

Lucas y Marce (Laguna La Brava)


El Dorado – Vivoratá (34 Kilómetros apróx.): Continuando por el camino de El Dorado pedaleamos 8 kms., hasta el cruce con la ruta 226, aprovechamos a comprar galletitas en la estación de servicio que ahí se encuentra, cruzamos la ruta y seguimos derecho hasta Vivoratá. Este camino rural, rodeado de campos en su mayoría de girasoles y maíz, es de tierra firme, muy tranquilo y casi intransitado. No hay despensas, pero si varias estancias donde aprovisionarse de agua. A medida que avanzábamos por él, comenzábamos a dejar atrás las sierras de Tandilia, en dirección a la costa atlántica. En un sector, el camino pasa junto a una estancia donde se crían llamas, si tienen suerte como nosotros la tuvimos, los van a sorprender asomadas en la tranquera, como si estuvieran esperando ver quien pasa.

Camino a Vivoratá.-

Camino a Vivoratá.-

Dejando atrás las sierras.-

Dejando atrás las sierras

Con las bicis!

Con las bicis!

Las llamas que llaman.-

Las llamas que llaman

Luego de frenar a desayunar por segunda vez en la mañana en una tranquera, continuamos hasta Vivoratá, casi llegando a Ruta 2. Descansamos en la plaza del pueblo, donde parecía que todos dormían la siesta, aunque recién era el mediodía. Pronto cruzó Don Jorge Soler, quién al ver semejante espectáculo de dos ciclistas con bicis cargadas y trailer incluido, quiso saber de dónde éramos y a dónde íbamos. Le contamos nuestros planes y luego se volvió a su casa, frente a la plaza donde estábamos. Luego de almorzar la comida que llevábamos encima, nos decidimos acostar con los aislantes a dormir una siesta. A la hora, acomodamos todo y justo antes de marcharnos, nuestro nuevo amigo, salió a despedirnos, no sin antes darnos un bolsa con frutas, agua para las caramañolas, llenarnos el termo para el mate de la tarde, e incluso mostrarnos en su computadora, el camino por el Google Earth, que deberíamos seguir para llegar a Mar de Cobo. Nos contó que había atendido por muchísimos años, una almacén, legado de su padre,  donde vendían ropa de campo, entre otras cosas y a la que él le dedicó su vida entera. Eso fue hasta que un día, dos ladrones, luego de robarle, le prendieron fuego su tienda, dejándolo sólo con lo puesto y con la módica suma de ciento y pico de pesos en el bolsillo. Nos comentó también, que sus hijos le decían que de no haber sucedido eso, él hubiese seguido toda su vida esclavo de su tienda. Desde ese hecho, Jorge se convirtió irónicamente, en un asesor de seguros, precisamente con lo que no contaba su almacén en aquel momento. Con ojos de quién añora sus tiempos de juventud, nos confesó que le encantaban las personas que se aventuraban a vivir sus sueños y que lamentaba no haber vivido más cosas en su vida. Le dejamos en claro que nunca es tarde para intentar realizar los sueños y nos despedimos, muy contentos por haberlo conocido.

El carrito chino!!!

El carrito chino!!!

Con Jorge Soler.-

Con Jorge Soler

Vivoratá desde la ruta.-

Vivoratá desde la ruta


Vivoratá – Mar de Cobo (24 Kms. apróx.): Cruzamos la Ruta 2, y seguimos por la continuación del mismo camino, que desde El Dorado, sale hasta la Ruta 11, atravesando la Ruta 226 y luego la Ruta 2. El camino en esa parte se llama El Espinillo, y si bien sigue siendo de tierra, es apenas menos  firme en algunas partes y un poco más transitado. En la primer y única bifurcación del camino, doblamos hacia el lado derecho, para salir a Mar de Cobo (hacia el lado izquierdo se va hacia Nahuel Ruca o hacia Coronel Vidal). Pedaleamos casi 14 kms., hasta que nos topamos con la Ecuelita Rural Nº 20 “Jorge Oster”. Como aún no era época de clases, la escuela estaba cerrada y acampamos en la parte trasera. Al día siguiente completamos el camino hasta toparnos con la ruta 11. Continuamos por la misma unos 500 mts. hacia el Sur, hasta la entrada de Mar de Cobo.

Escuelita Rural Jorge Oster donde pasamos la noche, camino a Mar de Cobo.-

Escuelita Rural Jorge Oster donde pasamos la noche, camino a Mar de Cobo


Llegamos a esta pequeña población balnearia, con una tormenta que amenazaba con llegar en cualquier momento y buscamos rápido un camping donde pasar el resto del día y la noche. Llegamos así a “Los Elefantes” donde nos ofrecieron una cabañita adosada a una casilla rodante chica, casi a igual precio que lo que nos hubiera salido colocar la carpa, aceptamos, y nos quedamos hasta el día siguiente. Salimos de Mar de Cobo llegada la mañana, pasamos por la entrada de Mar Chiquita sin detenernos, y continuamos por una ruta muy transitada y colmada de mosquitos en sus banquinas. La ruta 11 no es muy segura para pedalear, debido a que en ese tramo no cuenta con banquina y es doble mano. En verano el tránsito es mayor y aún más los fines de semana.

En el Camping Los Elefantes, Mar de Cobo.-

En el Camping Los Elefantes, Mar de Cobo

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Felices!

Felices!


La idea era pedalear 65 kms hasta Mar Azul, pero a los casi 48 kms, pinchamos, justo en frente a otra escuela rural, la Nº 17, en el km. 440 de la ruta 11. Casualidad? Intentamos pedir permiso en la estancia lindera y no había nadie. Pasamos como pancho por su casa y acampamos detrás de la escuela, donde contábamos no sólo con agua, sino también con un baño completamente reciclado, con una puerta sin llave ;). Al día siguiente nos encontró desayunando el maestro de historia de la escuela a quién le siguió la llegada de la Directora. Mi cara de alarma, se calmó cuando Lucas con su mejor sonrisa, se acercó saludando y pidiendo disculpas por la intromisión, contándoles lo que había sucedido y lo que estábamos haciendo. Enseguida nos invitaron  a pasar a la escuela, donde charlamos un buen rato sobre varios temas, y donde nos contaron sobre la situación de las escuelas rurales de la provincia. Luego de sacarnos unas fotos, y de que el profesor diera una vueltita en una de las bicis, nos ofreció cargarlas en su camioneta hasta Villa Gesell (24 kms. al Norte) donde podríamos inflar mejor mi bicicleta, ya que el pico de nuestro inflador estaba fallado. En el camino nos contó que el sueño de él y el de su familia, era viajar hacia el viejo continente, para conocerlo y recorrerlo de punta a punta. Tenía más interrogantes que certezas y nosotros ante tan inesperada declaración, nos vimos de repente dándole una inyección de posibilidades de todo tipo que se nos iban ocurriendo para que pueda cumplir su sueño. Nos intercambiamos teléfonos y nos bajamos muy contentos en la entrada del acceso sur de Villa Gesell.

Montando el chiringuito en la parte trasera de la escuela!

Montando el chiringuito en la parte trasera de la escuela

Con  Julio el Maestro de Historia y la Dire de la escuela!

Con Julio el Maestro de Historia y la Dire de la escuela

Con mi rueda a medio inflar y buscando una bicicletería, nos encontramos con Marcos Santos quién muy amablemente nos abrió las puertas de su taller y nos prestó su compresor para inflar la bici, mientras nos vaticinaba su predicción de que algún día saldríamos en la revista Weekend ¿? (Marcos es un fana de esa revista que comparte y lee junto a su hijita). Recorrimos Villa Gesell, almorzamos en la playa junto a los médanos y salimos por la salida del acceso norte a la ruta.

Saliendo de Villa Gesell.-

Saliendo de Villa Gesell

Con Marcos y su familia!

Con Marcos y su familia!

La próxima parada fue Cariló, donde tuvimos que entrar caminando llevando las bicis a nuestro lado, porque sus calles son de arena. Cariló es un lugar muy lindo por su mezcla de bosques con arena, médanos y mar, por su paisaje agreste, sus altos pinos, sus aves, etc. Era la primera vez que iba en bici y no me sentí particularmente cómoda.  En otras estaciones suele ser muy tranquilo pero en verano no tanto. Desde ahí, conectamos por calle asfaltada hasta la pequeña comunidad balnearia llamada Valeria del Mar (3 kms. apróx. hacia el Norte), y luego hasta Ostende 3 kms. más,  donde pasamos la noche en su único camping. Al día siguiente, salimos al mediodía rumbo a Pinamar, también conectando el camino por calles internas asfaltadas y muy transitadas. Una vez ahí, nos encontramos en medio de un caos total que sumergía a Pinamar en un interminable ir y venir de autos a toda velocidad, en el que sus conductores intentaban de esa manera relajarse y vacacionar, por lo que decidimos dejar la tan topísima ciudad de la costa Atlántica con ganas de no volver a pasar por ahí ni de casualidad.

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“Todo lo que el hombre le hace a la tierra, se lo hace a sí mismo”

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Salimos a la ruta 11 y seguimos hacia el norte, rumbo a Punta Médanos, unos 29 kms. La entrada es asfaltada y desolada a los costados, varias culebras sin vida decoraban los laterales de una calle que en un principio parecía no tener fin. Pasamos junto a un barrio privado y más adelante, a un cartel de la Armada Argentina, que decía que el faro (atracción del lugar) y el camping permanecían cerrados. Con asombro continuamos por la calle asfaltada hasta el final donde abruptamente comienza la arena y luego el mar. Nada a los costados, ni despensa, ni chiringo, ni casas, sólo un playón con autos estacionados pertenecientes a pescadores y a aficionados a los cuatriciclos. Ya eran las 17:30 hs. y teníamos que conseguir un lugar seguro para dormir antes de que anochezca. Para nuestra sorpresa en medio de esa nada, se encontraba un churrero con sombrero vikingo,  al que apenas nos bastaron 5 minutos de charla, para saber que era un nómade de alma que se transportaba en una especie de motorhome precario y su sueño inmediato consistía en recorrer la ruta 40 en moto. Junto a él, había tres jóvenes policías que habían sido enviados desde el Gran Buenos Aires a cuidar esa porción de costa por temporada de verano. Ellos mismos nos confirmaron que Punta Médanos era eso que veíamos frente a nuestros ojos, que en un principio aspiraba a ser un gran puerto (por eso la construcción de la calle pavimentada que buscaba unir la ruta 11 con lo que sería el puerto) pero que por cuestiones políticas y de intereses que afectaban a los puertos de Bahía Blanca, Buenos Aires y Mar del Plata, no se concretó dicho proyecto, en lo que es el punto más oriental de la costa Argentina, y con los médanos más grandes. Dimos varias vueltas hasta encontrar entre los inmensos médanos, un lugar donde poner la carpa, pasamos la noche con constante e intenso viento y al día siguiente, luego de aprovisionarnos de agua en el country (cuya construcción despertó el enojo y la protesta de varias personas amantes de la naturaleza, entre ellos, nuestro querido churrero), salimos hasta la ruta y seguimos rumbo al norte 15 kms. apróx. hasta la entrada de Nueva Atlantis.

Merendando en una tranquera rumbo a Punta Médanos.-

Merendando en una tranquera rumbo a Punta Médanos

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En la calle de ingreso a Punta Médanos... cansada? naahhhh!

En la calle de ingreso a Punta Médanos… cansada? naahhhh!

Junto al churrerro Viquingo y los policías!

Junto al churrero vikingo y los policías!

Camino al faro y camping actualmente cerrados.-

Camino al faro y camping actualmente cerrados

Cartel de la Armada.-

Cartel de la Armada

Acampando entre los médanos.-

Acampando entre los médanos

Lu en el proceso de emparchar mi bici.-

Lucas en pleno proceso de emparchar mi bici

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Como ya se nos había hecho costumbre a esa altura, la entrada de Nueva Atlantis era de arena suelta, lo que hacía imposible la pedaleada. Tuvimos que llevar las bicis al lado nuestro varias cuadras hasta el Camping Nueva Atlántis, un muy lindo  lugar rodeado de árboles, con muchos servicios y muy buena onda por parte de todo el personal que ahí trabaja. Esta comunidad costera, visitada en verano por turistas, está bastante poblada, en su mayoría por lindas casitas de verano, cuenta con servicios, despensas, y está rodeada de arena en todas sus calles. En el momento en el que fuimos, nos encontramos con que los pocos negocios que había, colocaban sobreprecios a sus productos, cosa que nos irritaba bastante. El valor del camping era razonable, por lo que decidimos quedarnos ahí dos noches. 100_3607

Entrada a Nueva Atlántis.

Entrada a Nueva Atlántis

En el momento de la partida, escuchamos las recomendaciones de los lugareños, que nos decían que era mejor volver por la arena firme de la costa, antes que salir con todo a cuestas caminando hasta la ruta. El plan era cruzar del camping a la playa caminando con las bicis al lado (100 mts.), y pedalear por arena firme hasta Punta Médanos, donde al toparnos con la calle asfaltada, la tomaríamos y saldríamos hasta la ruta 11 y comenzaríamos el regreso rumbo al Sur a nuestra ciudad. Los primeros 7 kms. fueron muy lindos para pedalear, la primera vez que lo hacíamos por la arena, en playas amplias, solitarias, llenas de gaviotas. Estábamos felices hasta que comenzamos a ver varios peces y dos enormes tortugas marinas sin vida. En los siguientes 8 kms. la arena se puso contra nuestro haciéndose cada vez más difícil pedalear, nos dimos por vencidos por muchos tramos e intentamos pedalear muchos otros, fracasando cada vez. Con mucha fuerza de brazos pecheamos el camino hasta Punta Médanos, con la ilusión de encontrar al menos al churrero, para intentar recuperar las energías perdidas con los deliciosos churros rellenos de nuestro amigo. Nada de eso pasó, no había ni churrero, ni churros en ese lugar, dudamos por un momento si tal simpático personaje había sido producto de nuestra imaginación. Con unos Don Satur intentando reemplazar nuestro antojo no saciado, salimos por la calle asfaltada hasta la ruta y luego hacia el sur, rumbo a Pinamar.

Con los chicos del Camping!!!

Con los chicos del Camping!!!

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Felíz de la vida, cuando todavía se podía pedalear.-

Felíz de la vida, cuando todavía se podía pedalear

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La primera de las dos tortugas sin vida que encontramos en el camino.

La primera de las dos tortugas sin vida que encontramos en el camino

Cruzando el arroyito!

Cruzando el mini arroyo!

Sosteniendo el farito!

Sosteniendo el farito!

 


Pasamos el resto de la tarde y la noche en un camping a orillas de la ruta, antes de la entrada a Pinamar. Al día siguiente continuamos por la misma ruta 11, muy transitada por momentos, hasta La Arenera Querandí, donde pedimos pasar la noche y sin ningún problema nos dejaron. Entre máquinas viales y gansos, colocamos nuestra carpa. Amanecimos con un día muy lluvioso, lo que hizo que empecemos a pedalear recién a las 11 de la mañana. De todas formas, a medida que avanzábamos, intermitentes lloviznas nos obligaban a parar: la ruta se convertía en un verdadero peligro para ir en bici. Pasado el mediodía, frenamos frente a la estancia Atlántida, y como no había árbol que nos cubriera de la lluvia, pedimos permiso para refugiarnos bajo un techo de la estancia. Nos atendió un puestero y su familia, quienes muy amablemente nos ofrecieron pasar, nos convidaron con pizza casera, la cual literalmente devoramos y luego de darnos agua para el termo y regalarnos bizcochos para los mates de la tarde, nos despedimos para seguir camino en el momento en que la lluvia había mermado. Llegamos a Mar Chiquita, acampamos en uno de sus tres campings y pasamos la noche. La lluvia volvía a despertarnos pero ésta vez había entrado en la carpa y mojado algunas cosas, no fue hasta que no paró, que salimos, desayunamos, desarmamos y lavamos el equipo de camping, tendimos todo y disfrutamos de la pile con los pocos rayos de sol que se filtraban entra un cielo gris y bastante nublado. Cerca de las 16 hs. comenzamos la vuelta,  pasando por Mar de Cobo, La caleta, Camet Norte, Santa Clara del Mar y finalmente Mar del Plata. Llegamos cerca de las 19 hs., muy contentos, cansados, y con terribles ganas de comer una tortilla de papas! El total de días fueron 13, el total de noches fueron 12, (6 pagas y 6 no) los días que pedaleamos fueron 11 porque dos descansamos y la cantidad de kilómetros hechos en total fueron 470 kms. La experiencia nos encantó, y nos alentó a ir por más: nuestro sueño de unir Ushuaia – La Quiaca ya tiene fecha!!!!

Camping sobre la ruta en Pinamar.-

Camping sobre la ruta en Pinamar

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Camino asfaltado que une Villa Gesell con su aeropuerto

Instalados en la Arenera Querandí.-

Instalados en la Arenera Querandí

Saliendo de la Arenera.-

Saliendo de la Arenera

Al costado de la ruta.-

Al costado de la ruta

El lugar de "los árboles blancos" cómo me gusta llamarlo, antes de llegar a Mar Chiquita.-

El lugar de “los árboles blancos” cómo me gusta llamarlo, antes de llegar a Mar Chiquita

470 KMS!!!

470 KMS Y VAMOS POR MÁS!

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4 pensamientos en “Cicloturisteando x la Costa Altántica

  1. Hermoso viaje el que hicieron en pareja…..!!!!Cuanta energìa y alegrîa recibe el que lee esta pàgina.Felicitaciones !!!! Buena experiencia,!!!!… relindos los lugares…Es un viaje de aventuras, se ve que lo deisfrutaron mucho..Beso.

  2. buenisimo!!!!! a seguir asi, proyectando y disfrutando de la vida

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