Somos como Viajamos

Compartí con nosotros el camino hacia nuestro sueño: viajar en bicicleta por la ruta 40, desde Ushuaia a La Quiaca!!!

Santa Cruz

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Santa Cruz

Llegamos a Santa Cruz cerca de las 19 hs. Pasamos la frontera, y con permiso de gendermería, colocamos la carpa entre dos oficinas de vialidad actualmente en desuso. Al reparo del viento, con un atardecer hermoso como telar de fondo y con la compañía insistente de 3 zorritos cachorros que jugaban cerca nuestro, pasamos la primer noche en esta inmensa provincia que pronto comenzaríamos a descubrir.

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Al día siguiente pedaleamos con viento a favor por la Ruta Nacional 3 hasta el empalme con la Ruta 1. Tomamos esta segunda ruta, de ripio y con viento en contra, que luego de 130 kms nos llevaría a Cabo Vírgenes: el punto más austral del continente americano. Terminamos el día acampando en una cantera que aparentaba estar abandonada. La claridad del amanecer nos despertó y pese al frío decidimos salir temprano para continuar el camino. Sin desayunar, avanzamos unos 20 kms hasta el puesto “Cóndor sección Frailes”. Nos detuvimos a pedir agua caliente y terminamos desayunando junto a la Doña café con leche con tortas fritas!!! No me voy a olvidar la cara de esa amable mujer mientras nos observaba como literalmente las devorábamos, con decir que dos platos no nos bastaron, y lo notó, porque nos terminó regalando una bolsa llena de tortas fritas para el camino. Nos ofreció pasar la noche ahí, lavar ropa y ducharnos, pero nosotros queríamos avanzar un poco más. Agradecidos, con la panza llena y el corazón contento, pedaleamos unos 35 kms más en esa ruta de ripio, de interminables estepas áridas, de ovejas y guanacos sueltos cruzándose de un lado a otro, de escasísimo tráfico, hasta descubrir que el punto que marcaba una estancia en nuestro mapa, era mucho más que eso y se nos manifestaba como un oasis en medio de la nada. Rodeada de frondosos árboles, cubierta del más verde césped, de edificaciones de prolija fachada, con muchos caballos, incluso hasta una capilla a la vista: habíamos llegado a la Estancia Cóndor. Nos gustó tanto por fuera, que quisimos conocerla por dentro. Pedimos permiso para poner la carpa al reparo y terminamos pasando la noche en la casa de uno de los empleados de la estancia que hace más de 30 años trabaja ahí. Merendamos con pan casero y exquisitas mermeladas artesanales de rosa mosqueta y de ruibarbo. Nuestro anfitrión nos hizo sentir muy a gusto y nos alegró mucho haber conocido a tan buena persona.

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La llegada a Cabo Vírgenes fue toda una odisea: pedaleamos 75 kms en un ripio que parecía empeorar a medida que avanzábamos y raramente hacía un día de mucho calor. Dos cosas importantes pasaron ese día, una muy mala… otra muy buena: la mala: perdí la cámara de fotos!!!! La buena: la recuperé ;). Me la olvidé colgada en un palo de un alambrado cerca del guarda ganado. La olvidé en un descuido, injustificable, y el que me valió muchas lágrimas, más que por perder la cámara, por todas las fotos de los momentos vivido,s que en ese momento pensaba que no iba a volver a recuperar (claramente nos las había bajado a la compu). Para resumir lo que fue ese día, Lucas volvió a buscarla donde la habíamos dejado y ya no estaba. Alguién de algunos de los vehículos que ese día iban para Cabo Vírgenes, la había encontrado. Decidimos frenar a cada auto que pase de regreso (ya que la única entrada y salida era esa ruta) mientras avanzábamos y cuando nuestras esperanzas ya casi estaban agotadas y yo casi deshidratada de tanto llorar y odiarme a mí misma por el imperdonable descuido, Lucas frena a un auto y el matrimonio que lo ocupaba se la devuelve: SI, SE LA DEVUELVEN. Se que mucha gente no devuelve las cosas que encuentra. Yo en lo personal siempre devolví todo lo que encontré, por eso, no podía creer que pudiera pasarme esto y que alguién se quede con algo que me pertenecía. Y cómo todo vuelve en la vida, me sentí bendecida cuando mi cámara llenita de fotos volvió a mis manos. Así era cómo tenía que ser y estoy orgullosa de que me haya pasado, porque devolví muchas cosas y hoy me tocaba que me devuelvan algo mío. Hay gente buena de a montones y estas dos personas eran un ejemplazo de eso. Luego, nos esperaba otra alegría, la llegada al Cabo, el mojón del KM 0 de la Ruta 40, el Faro y unos mates con pasta frola en el café más austral: “ Al fin y al cabo”. Pasamos la noche en la casa de la Armada y al día siguiente fuimos a conocer la Pinguinera ( a 5 kms del faro). La entrada a este parque provincial casi no tiene costo y vale la pena conocerlo. Se puede llegar en vehículo, o caminando por la playa como lo hicimos nosotros (acompañados por toninas que iban saltando en el agua cerca de la orilla del mar). Había unos 600.000 pinguinos de magallanes: entre machos, hembras y pichones. Disfrutamos mucho tenerlos tan cerquita, caminandote alado, y conocimos más sobre como viven estas increíbles aves.

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Volvimos a la casa y cenamos junto con nuestros anfitriones de la armada y con los guarda fauna del parque provincial. Así terminábamos nuestro segundo día en el lugar más austral del continente.-

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