Somos como Viajamos

Compartí con nosotros el camino hacia nuestro sueño: viajar en bicicleta por la ruta 40, desde Ushuaia a La Quiaca!!!

“La niña que habita en mí”

Hace unos días que casi dejo de hacer algo que me gusta, por el hecho de que ya era tarde, y no era el horario en el que habitualmente lo hacía, y entonces reflexioné: ¿Cómo puedo dejar de hacer algo que quiero, si sé que hacerlo me hace bien? No hacerlo, pensé, sería un autobicot a mí misma y a mi niñita interior que espera ansiosa a que llegue ese momento del día para que nos encontremos a sólas a jugar. Y tal vez te preguntes de que hablo o no entiendas qué sería para mí jugar con ella. ¿Cómo puedo jugar con mi “yo niña”? De muchas maneras, cada persona tendrá la suya, si es que la tiene. Y si no, les recomiendo que la busquen. Jugar con mi niña interior es hacer eso que me divierte, que siento que me hace bien, que le da sentido a lo que a simple vista parece no tenerlo. Me encuentro a jugar con ella cuando escribo, por ejemplo. Cuando voy en busca de un helado de chocolate con almendras y dulce de leche granizado, cuando salgo a trotar por la costa, cuando me siento en casa sóla, con el mate y el globo terráqueo al lado mío, y comienzo a girarlo con los ojos cerrados, hasta que lo freno de golpe apoyando mi dedo índice sin ver a dónde, y me sorprendo cuando abro mis ojos y aparece la respuesta a la pregunta: ¿A ver a dónde voy a ir? (que siempre tiene una segunda chance por supuesto: en caso de caer en el medio del océano o en un país en guerra). Y aunque tal vez nunca vaya, hacerlo me divierte y me hace viajar mentalmente.

Me encuentro con ella cuando ando en bicicleta, cuando juego con mis sobrinos, cuando saco fotos de paisajes, cuando camino x las sierras, cuando hago gimnasia o yoga en mi casa. Cuando cocino improvisando con lo que tengo, cuando leo lo que me gusta, cuando comparto con mis amigas mis sueños, cuando imagino utopías, cuando me río a carcajadas sin importar dónde o con quién este. Cuando pongo música y bailo como loca., cuando me regalo un chocolate, o voy al cine sóla, cuando voy a tomar mates a la plaza con mi pareo y un libro, cuando paso por lo de mí mamá a abrazarla o voy a lo de mi papá a visitarlo.

Se trata de esos momentos que me regalo para hacer lo que yo quiera, esos momentos en los que doy una pincelada a la rutina diaria de un color diferente y chillón. Es darme un gusto y conesentirme. Es remplazar el “tengo que” por el “quiero”. No importa lo que sea, mientras despierte mis ganas en ese momento, siempre que me sirva para conectarme conmigo, estar a solas aunque sea un rato con esa niña que fuí, que aún vive dentro, con mis sueños de pequeña, con mi inocencia. Para no olvidarla, para mimarla, y para retomar luego el que hacer diario con más creatividad, con más pasión y más sueños.

Te propongo, si te animás, un ejercicio cortito en el cual te pido que te involucres si lo vas a hacer, (sino, no lo hagas).

Busca un espacio en el que por un momento puedas estar solo/a.

Silenciá tu celular, podés atenuar las luces o apagarlas, y sentate en una postura cómoda.

Vas a cerrar suavemente los ojos, y vas a hacer tres respiraciones completas: Inhala profundo y exhalá todo el aire (siempre por la nariz).

Ahora, imaginate de niño/a, a los 5 ó 6 años de edad. Imagina tu carita, tus ojitos llenos de brillo, tu sonrisa sincera. Observá la inocencia propia de esa edad. ¿Dónde estás? Qué ropa vestís?

Imaginate solito/a, jugando con alguno de los que eran tus juguetes preferidos o haciendo lo que más te gustaba a esa edad.

Observá cada detalle de ese/a niño/a que fuiste. ¿Cómo se comporta? ¿Que expresa su mirada?

Mirá su cuerpito, sus manitos. Observá su simpatía, su naturalidad, su espontaneidad.

Ahora, vas a visualizarte yendo a reencontrarte con ese pequeño niño que fuiste, vas a visualizarte abrazándolo.(La persona que sos hoy a tu edad abrazando a ese niño que fuiste.)

Abrazalo fuerte y decile lo que sientas. Mostrale tu amor, que se sienta contenido, acompañado, querido.

Ahora vas a colocar una mano sobre la otra a la altura del corazón y vas a imaginar que tu “yo niño” se encuentra entre tus manos, apoyado sobre tu pecho.

Visualizate colocando a ese pequeño en tu corazón.

Imagina que él ahora se encuentra en tu corazón y desde ahí te observa con admiración, te mira sonriente. Felíz por el reencuentro.

Ahora abrazate a vos mismo muy fuerte y prometele reencontrarte con él volviendo a hacer esas cosas que de más chico te gustaban hacer, esas que te divertían, que disfrutabas, y permitete hoy vivirlas.

Probá tener al menos un encuentro con tu niño/a a diario. Permitite sentirlo y disfrutalo. Él es una parte importantísima tuya, y traerlo “a jugar con vos” un ratito todos los días, es traer tu escencia a eso que hagas. Es darte un mimo y una caricia al alma.

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