Somos como Viajamos

Compartí con nosotros el camino hacia nuestro sueño: viajar en bicicleta por la ruta 40, desde Ushuaia a La Quiaca!!!

TIERRA DEL FUEGO

USHUAIA

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Viajar en bici es todo una aventura, que empieza incluso antes de la primer vuelta de pedal. Embalarlas, trasladarlas junto con todo lo demás: trailer, alforjas, bolsos estancos etc., desde Mar del Plata hasta el aeropuerto… desde el aeropuerto a Ushuaia. Tuvimos suerte en primer lugar porque Tienda León (la empresa de transporte que sale de Mar del Plata y te deja en la vereda de aeroparque) nos dió una mano, no cobrandonos el exceso de equipaje (que equivalía a un pasaje y medio más). Contentos con esa ayuda, fuimos por más: Si Tienda León no lo cobró, tal vez Aerolíneas tampoco. Había que intentarlo. Asique en plena madrugada de baires, estábamos de acá para allá dentro del aeropuerto, con los carritos cargados con las tres cajas (una para cada bici y una para el trailer) más los dos pares de alforjas, más dos bolsos de tamaño importante, buscando al supervisor, luego de que una empleada nos diga que estábamos 51 kilos excedidos, ya que lo permitido sólo eran 15 kgs. cada uno, eso sin contar con el peso de las alforjas porque las pasamos como equipaje de mano (?). La cuestión es que luego de hablar con el supervisor, y luego de que este último indicara a la empleada que haga una llamada a algún superior de ambos, logramos al menos que nos reconozcan 10 kilos más de franquicia a cada uno. Valió la pena el intento. Pagamos poco exceso y todos contentos (¿?).

DSC_0015En Ushuaia hicimos un despliegue importante en una sala dentro del aeropuerto, donde los guardias nos permitieron armar las bicis y hasta tomarnos unos mates. Unas cuantas personas se nos acercaban a hacernos preguntas mientras preparábamos todo.

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Cerca de las 17 hs. Salimos del aeropuerto con las bicis y fuimos directamente hacia el Parque Nacional Tierra del Fuego (previa parada en el supermercado). La avenida es H. Irigoyen que va desde el aeropuerto hasta el Parque Nacional. Por unos kilómetros es asfaltada y luego, cambia el nombre a la conocida Ruta Nacional Nº 3, donde comienza el ripio. Para los que la hagan en bici, les recomiendo que en el tramo que comienza antes de la entrada al parque y va hasta Bahía Lapataia sean precavidos, porque es una ruta de ripio, en partes tiene piedras sueltas, muchas pendientes, curvas, no tiene banquinas e incluso en muchos sectores hay precipicio a los lados, lo que no significaría mucho si no fuera que por ahí los autos andan rapidísimo, sin respetar la velocidad máxima establecida de 40 km. por hora y levantando muchísimo polvo a su pasar. Eso igual no opaca la vista que es hermosísima que se disfruta mucho desde la bici. Antes de llegar a la entrada del parque, y pensando que oscurecía cerca de las 20hs., decidimos parar en el camping municipal (es un camping libre, gratis, con baños pero sin duchas) que está a metros de la trochita del fin del mundo y del golf club, con montañas de picos nevados de fondo.

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22:30 HS, estábamos cenando al rayo del sol ¿?. En esta parte del mundo oscurece en esta época pasadas las 23 hs. Eso nos encantó porque en bici nunca vienen mal unas horitas más de sol. Al día siguiente fuimos al parque, donde con la entrada de $ 40 (para argentinos) se pueden permanecer dos noches y tres días. El Parque nos gustó muchísimo: hay muchos trayectos para hacer treeking, hay senderos que llevan a cascadas, bosques, montañas, cerros para subir, bahías, en fin, estábamos felices “adentro” de ese lugar. Pasamos las primeras 3 noches en un camping agreste a 200 mts. de Bahía Ensenada Zarategui, un lugar muy lindo y tranquilo. En ciertas horas picos se colmaba la bahía de turistas que venían con tan escaso tiempo que sólo se limitaban a tomar fotos y no a disfrutar, pero luego la paz se apoderaba del lugar y de nosotros que aprovechábamos esos momentos para contemplar mejor que nunca la bellaza e inmensidad del paisaje. La inseguridad y los robos por estos lados parece no existir, al menos así lo sentimos nosotros y sobre todo en el parque. En esos días dejamos las bicis a un lado e hicimos treeking de varias horas y por varios lugares: hacia Pampa Alta, a las Cascadas del Río Pipo, e incluso con un día de lluvia caminamos por un sendero que atravesaba bosques de 4 hs. de ida y 4hs. de vuelta por la costa del Canal Beagle. Todo se puede hacer sin guías porque si bien son senderos agrestes están bien señalizados. El 4º día fuimos a Bahía Lapataia, en busca de la tan esperada foto. Pasamos la última noche del año a metros del Rio Lapataia, en otro camping agreste, muy bonito y familiar, donde un turista suizo nos arregló nuestro calentador lo que nos vino genial para poder preparar la cena de fin de año: fideitos al pesto!. El 1º de enero nos encontró sin provisiones, porque dentro del parque ya no hay más proveeduría, sólo dos confiterías (una dentro del único camping pago y la otra en el centro de información al visitante). Y como hay un universo de diferencia entre el bolsillo de un cicloviajero y el de un turista extranjero (que acá abundan) nos fuimos el mismo primero de año rumbo al centro de la ciudad de Ushuaia. Nos hubiésemos quedado unos días más en el parque para poder hacer unos recorridos que nos quedaron pendientes, pero será para otra vez que vengamos.

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DSC_0127A saber:

  • El uso de los campings agrestes dentro del parque, está incluido con el valor de la entrada.

  • Hay sólo un camping privado que para acceder se debe pagar y que a diferencia de los demás, tiene duchas. (el valor para enero de 2015 es de $ 50 por persona)

  • Algunos nos aseguraron que el agua dentro del parque no era potable, otros decían lo contrario, asique nosotros, ante la duda, preferimos usar el purificador que llevamos para la travesía.

  • Llevar comida si se piensan quedar algunos días.

  • Los guarda parques realizan muy bien su trabajo y controlan también el tema del fuego. Lo mejor es llevarse calentadores. De todas formas se puede hacer fuego sólo en los lugares que poseen fogones para tal fin.

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Luego de nuestro paso por el parque, el primero de año fuimos a la ciudad de Ushuaia, directo a aprovisionarnos a un supermercado. El día era bastante frío y estaba nublado pero al menos no llovía. Con todo el equipo, recorrimos los hostels céntricos en busca de una habitación para pasar la noche. No había otra opción, ya que el único camping dentro de la ciudad (La Pista del Andino) estaba cerrado. Todos los hostels estaban repletos. Dimos muchas vueltas con las bicis, que en esas empinadísimas calles que tiene Ushuaia ya se hacían muy pesadas. Opté por dejar que Lucas se quede con las cosas esperando y con mapa en mano, cerca de las 22 hs (de día aún) me fui a recorrer los hospedajes, era mejor que ir con todo a cuestas de acá para allá. Por recomendación, llegué al “Refugio de los Mochileros”, donde nos ofrecieron una habitación doble hasta las 10 hs. del día siguiente. El 2/1 salimos a recorrer la ciudad y el puerto, y decidimos quedarnos unos días más en el hostel, que como ya no tenía lugar disponible, nos ofrecieron poner la carpa en un patio techado, lo que nos costaba mucho menos, y nos convenía porque seguíamos usando todos los servicios del lugar. El 3/1, nos levantamos muy temprano, dejamos todo en el hostel y nos fuimos caminando rumbo al Glaciar El Martial, donde desde su cumbre se puede ver toda la ciudad. La caminata se hizo larga pero la vista y el lugar compensaban el esfuerzo. Desayunamos por segunda vez al costado de un arroyo muy lindo, rodeado de vegetación, esos lugares que si no vas lento, caminando o en bicicleta, no los descubrís.

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Cascada al costado del camino

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Glaciar El Martial

Luego, cerca de la cumbre, Lucas junto con otros visitantes hicieron culipatín en una extensa bajada de nieve acumulada del glaciar. El trayecto es precioso, no tiene costo, los senderos están marcados por lo que no se necesitan guías. Se llama Glaciar porque el cerro, en ciertas partes cercanas a la cumbre, tiene capas y capas de nieve que se fueron acumulando con el paso del tiempo y permanecen ahí constantemente.

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La bajada fue rápida y una vez que llegamos a la base donde está la playa de estacionamiento para los que van en vehículo, mientras paramos al costado de la calle a desabrigarnos, Lucas decide hacerle dedo a un auto que venía bajando rumbo a la ciudad, acto seguido y casi en simultáneo nos frenó (suerte de principiante?) con la boca abierta por la ocurrencia de mi novio y la frenada en el acto del auto, nos acercamos y era una turista española que nos había visto en el glaciar subir un poco más alto de lo permitido. Nos acercó amablemente hasta el centro, a pocas cuadras del hostel :). El 4/1 descansamos, comimos bastante y aprovechamos para preparar todo para salir al día siguiente rumbo a Tolhuin (a 110 kms de Ushuaia). La ruta para dirigirse hacia esa pequeña localidad es la RN 3. Los primeros 50 kms apróx. fueron mayormente en subida, atravesando la Cordillera de Los Andes que separa a estas dos localidades. El paisaje es hermoso, y en esta primera etapa se pasa por varios centros invernales donde se dedican en su mayoría a la cría de perros siberianos.

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En este tramo nos cruzamos con dos cicloviajeros: el 1º Ruggero, un italiano que está dando la vuelta al mundo a puro pedal, con un equipo impecable y una sonrisa y energía que daba gusto cruzarlo una y otra vez. El 2º viajero en bici era impensable: “El Flaco Almirón”, un hombre de Entre Ríos, de 63 años, que parecía más de los que tenía, pero con un espíritu de lo más jovial. Con una bici MTB, con el freno delantero cortado, con cambios que no sabía ni se animaba a usar, con tan sólo un bidoncito de agua atado sobre sus alforjas traseras, vestido de zapatillas y un humilde pantalón de vestir y camisa, el infaltable equipo de mate y un poco de pan para comer, nos contó que su plan era cruzar todo el país por la ruta 40. Qué había sido su sueño de toda la vida y que por diferentes razones recién ahora iba tras él: “ no me voy a quedar en casa renegando con los nietos” dijo, y con el apoyo de su familia, aunque tal vez sin comprender mucho esta locura, salió al igual que nosotros en busca de su sueño. Lucas arregló su freno, y le dimos fideos, sopas y café, que era lo que teníamos a mano. Nos despedimos sabiendo que nos encontraríamos en Tolhuin. Me puse felíz por ver a alguién cumplir su sueños sin importar su edad, por saber que lo está intentando, por conocerlo, y también reconozco que sentí que me sobraban muchas cosas de las que llevaba, que se podía con mucho menos, que sólo es una cuestión de actitud y de convicción inquebrantable.

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La subida nos agotó bastante y decidimos descansar y acampar en un bosque con cascada incluída y una vista a la cordillera, que hipnotizaba a cualquiera. Esa noche el calentador no anduvo, asique un café con leche que quedaba en el termo y un budín, fueron el manjar que degustamos antes de irnos a dormir.

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Siempre se encuentra un lugarcito para acampar

Al día siguiente y con viento a favor, continuamos pedaleando el Paso Garibaldi, nos detuvimos en su punto panorámico, donde la espectacular vista al Lago Escondido y al Lago Fagnano, más las extensas bajadas hacia Tolhuin, fueron el broche de oro de un trayecto espectacular para hacerlo en bicicleta.

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Ese día encontramos varios cicloviajeros más: esta vez un brasilero, una pareja de italianos, un holandés e incluso un rosarino. Con todos nos detuvimos a charlar. Estas cosas no se dan todos los días, aunque en Tierra del Fuego parece bastante común.

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Cuando llegamos finalmente a Tolhuin, fuimos directo a la Panadería La Unión, cuyo dueño, marplatense también, aloja solidariamente a todo viajero en bici que pase por acá. Cuando llegamos, nos estaban esperando nuestro querido “Flaco Almirón” junto al ciclista rosarino. En los días que estuvimos se sumaron varios viajeros más, con los que compartimos extensas charlas, mates, pizzas y caminatas por las orillas del inmenso Lago Fagnano, de aguas más turquesas que azules, de playa de piedras de distintos tamaños y colores, que eran bañadas por ese gran lago de agua fría que parecía un mar. Nos quedamos un rato largo contemplando la belleza del lugar.

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Lago Fagnano

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El 9/1 salimos rumbo a Río Grande junto Alfredo, un chaqueño que está viajando en bici como nosotros, que conocimos en el hostel de Ushuaia y encontramos nuevamente en Tolhuin,. A los 50 kms. pedaleados, el viento en contra que teníamos, se levantó todavía más fuerte, por lo que tuvimos que acampar en un bosque de lengas. Al día siguiente, salimos decididos a completar el tramo, pero otra vez el viento era el que manejaba nuestros tiempos y decía hasta donde “sí” y hasta donde “no”. En 4 horas sólo habíamos avanzado apenas 20 kms. En la Estancia Viamonte, nos dieron una casa abandonada para que podamos resguardarnos del viento. Lucas y yo decidimos armar la carpa adentro de la casa, que aunque no tenía ni luz ni agua, podíamos calefaccionarla mediante una salamandra. La verdad que la casa era un poco tétrica, pero cuando se viaja en bicicleta, te hacés uno con el mundo, pasás a estar la mayor parte del tiempo al aire libre y tu único techo “fijo” es el de tu carpa, la que colocás bajo el cielo y un millón de estrellas, en los más inimaginables lugares… casi nunca sabés de ante mano a donde vas a dormir la noche siguiente. Y en este enero, en este punto del mapa, en esta estancia de Tierra del Fuego, con el fuerte viento que soplaba y el frío que se hacía sentir, esta casa abandonada, fue un hogar para nosotros. Nos sentamos los 3 cerca del calor de la salamandra, y cenamos sopa de queso con arroz. Al rato, cerca de las 22:30 hs. vinieron los peones de la estancia, a invitarnos a cenar con ellos a su casa y aunque habíamos comido, decidimos ir igual para conocerlos y charlar un rato. Al día siguiente compartimos el desayuno y el almuerzo con ellos y nos invitaron a quedarnos un día más. Muy contentos nos fuimos el 12/1, bien temprano, antes de que comience a levantarse el viento fuerte. Llegamos a Río Grande, y antes de entrar a esta ciudad, de poco atractivo, ventosa, sin árboles ni cerros, decidí escribirle un mensaje a Martín y Cecilia, un matrimonio que vivía ahí y al que conocimos en el Parque Nacional de Ushuaia. Coordinamos donde encontrarnos, y luego de hacerlo, Martín nos indicó donde era su casa para que fuéramos hacia allá. Lo lindo de viajar no es sólo ver paisajes y visitar lugares, sino conocer y compartir con las personas que te cruzás en el camino. Con ellos compartimos dos días, la pasamos muy bien, nos abrieron las puertas de su casa como si nos conocieran de toda la vida y nos hicieron sentir tan cómodos como si estuviéramos en la nuestra. Nos llevaron a recorrer su ciudad, con ellos conocimos el Centro de Muestra de los Ex combatientes de Las Islas Malvinas, quienes con esfuerzo y mucho amor se ocuparon de formarlo, mantenerlo y de compartir día a día con la sociedad como vivieron la guerra. También nos llevaron a conocer la estancia María Betty, la más grande de esquila del mundo. Paseamos, nos divertimos y reímos hasta las lágrimas. Nos despedimos con la certeza que seguiríamos en contacto y con planes para vernos en un futuro cercano.

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Baja mar, frente a Estancia Viamonte, camino a Río Grande

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Llegando a Río Grande

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Con Chaco, Martín y Ceci… Las cervezas y el Fernet!!!

En los 86 kms. que nos separaban del paso fronterizo San Sebastián, el viento fue de los más fuertes que habíamos tenido. Con ráfagas que nos sacaban de la ruta constantemente, no pudimos llegar a destino ni ese día ni el día siguiente: en un Club de Campo, pedimos permiso y nos dejaron colocar la carpa detrás del paredón de la fachada en la entrada al mismo, y luego dormimos en un reparo al costado de la ruta. Finalmente llegamos al paso fronterizo San Sebastián, que luego de varios kilómetros de estepa y de haber dejado atrás los lindos paisajes que terminan mucho antes de que empiece Río Grande, y luego de lidiar con el viento en contra sin recompensa alguna al menos para la vista, descubrir después de pedalear la última subida, el azul intenso de la Bahía de San Sebastián, me sacó una enorme sonrisa, me alegró y hasta me emocionó. En la bajada vimos la frontera que nos recordaba que una vez cruzada, dejaríamos atrás esta Tierra del Fuego y del viento, para pasar a tierras chilenas.


8 pensamientos en “TIERRA DEL FUEGO

  1. Mucha suerte y difrutar este gran viaje q emprendieron. por la RUTA 40. muchas suerte..

  2. Waw…..que ganas derir algún dia!

  3. FELICITACIONES CHICOS!!! GRAN SUEÑO QUE SE HACE REALIDAD…FUERZA UN GRAN ABRAZO DE TODA LA FAMILIA

  4. CHICOS LES DECEAMOS LO MEJOR ,ME TIENE MUY ATRAPADO ESTO QUE VAN HACER ES ALGO QUE MUY POCOS PRIVILEGIADOS LO PUEDEN HACER ,TODA LA SUERTE DEL MUNDO ,EL BARBA VA CON UST ADELANTE .WALTER Y FAMILIA

  5. Que bueno es Viajar con ustedes! ya que los relatos y fotos, acercan las distancias. Felicitaciones y Adelante !

  6. Luciana y Lucas, recién hoy , 07/O3/2015 ENCUENTRO ESTA MARAVILLA QUE HAN HECHO, FOTOS Y COMENTARIOS TAN ESPECTACULARES , TAN BIEN CONTADO, QUE SE PUEDE IMAGINAR ESTAR ALLÍ, CON USTEDES, SENTIR EL VIENTO, (QUE SIEMPRE RECORDABA EL TÍO ROQUE) , EL CANAL DE BEAGLE ETC. ME QUEDO SIN PALABRAS , SÓLO PUEDO DECIR QUE LOS QUIERO MUCHO, QUE LOS FELICITO UNA Y MIL VECES POR LO QUE ESTÁN HACIENDO . LOS ABRAZO MUY MUY FUERTE !!!!!!

    LA TÍA NENÉ

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